CUANDO NOS ENAMORAMOS , cuando Cupido nos clava su dardo, no lo hace en el corazón. Lo hace en el cerebro. Este se vuelve loco de amor: empieza a segregar DOPAMINA. Nos dopamos y nos emborrachamos de amor. También libera SEROTONINA, un neurotransmisor que nos excita, nos levanta el ánimo y nos vuelve ilusos de optimismo. En nuestro nuevo amor no vemos nada mas que todo positivo. Nos cegamos al más mínimo defecto referido a nuestro nuevo amor. Se segrega, aunque en menor cantidad ADRENALINA que nos taquicardiza, nos ruboriza y nos piloeriza ante la presencia del amado/a. Afortunadamente, y por sentido de la supervivencia, todo esto es pasajero. El cerebro no soportaría este subidón, este volcán de emociones y todas maravillosas.

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